A días de que Olivia Rodrigo aterrice en la Ciudad de México con su GUTS TOUR SPILLED, el entusiasmo se ha visto opacado por una polémica que hizo arder las redes. Todo comenzó en Brasil, donde los fans notaron algo que no les cuadraba: el setlist de su concierto era prácticamente el mismo que en festivales. Es decir, pagaron un boleto carísimo por un show con la misma cantidad de canciones, sin los cambios de vestuario ni la producción que esperaban.
Pero esto no es solo un berrinche de fandoms exigentes. El caso de Olivia Rodrigo destapó un tema mucho más grande: ¿será que los artistas menosprecian o no lo dan todo cuando vienen a Latinoamérica?
Olivia Rodrigo criticada por la producción de sus conciertos en LATAM
Si compras un boleto para un concierto, lo lógico es esperar una experiencia completa: escenografía, efectos, cambios de vestuario, luces impresionantes… todo. Pero en la práctica, parece que hay artistas que no están cumpliendo con esas expectativas.
El caso de Olivia Rodrigo es el ejemplo perfecto. Sus conciertos en esta región han generado muchas expectativas, pero también muchas dudas. En Brasil, su show duró poco más de una hora, con un solo cambio de vestuario y una escenografía bastante sencilla. Lo preocupante es que en festivales como Lollapalooza, donde comparte escenario con otros artistas, la cantidad de canciones y la producción fueron exactamente las mismas.
Es decir, un espectáculo de poco más de una hora, sin cambios de vestuario y con menos producción. Por eso, el fandom mexicano, que ha pagado boletos que están entre los más caros del mundo para verla, está exigiendo un espectáculo a la altura de lo que ha ofrecido en su tour.
¿Nos venden menos por más?
Desde hace años, los fans de Latinoamérica han señalado que los conciertos aquí no siempre tienen la misma calidad que en Estados Unidos o Europa. Esto no solo aplica al escenario, las pantallas, el setlist e incluso la duración del show.
Pero entonces, ¿es un problema de los artistas, de la industria o de las promotoras que organizan los conciertos? Para entenderlo mejor, veamos algunos puntos clave:
- Costos de producción: Llevar un show completo a otro continente cuesta dinero. Pero aquí es donde entra la gran paradoja: los boletos en países latinoamericanos suelen ser más caros que en Estados Unidos o Europa. Si se están cobrando precios elevados, ¿por qué la producción es menor?
- Logística y permisos: En ciertos países hay restricciones que complican traer toda la producción.
- La rentabilidad de los mercados: Algunos artistas ven a Latinoamérica como un mercado secundario, es decir, un lugar donde hay fans apasionados dispuestos a pagar lo que sea, pero sin la necesidad de traer el espectáculo completo. Sin embargo, otros artistas han demostrado que sí es posible dar el mismo show en todas partes (Taylor Swift, The Weeknd, Rammstein, entre otros).
- El valor simbólico de un boleto: Los conciertos han dejado de ser solo eventos musicales para convertirse en experiencias aspiracionales. Pagamos por ver a nuestro artista favorito, pero también por vivir el momento y compartirlo en redes. Las promotoras lo saben y han jugado con esto, elevando los precios sin necesariamente mejorar la experiencia.
- El impacto de la economía: El cambio de moneda hace que un boleto en pesos no se traduzca igual que en dólares o euros, lo que puede afectar la inversión en producción. Pero si aún con esta diferencia los fans están dispuestos a pagar, ¿no merecen un espectáculo completo?
Lo que está pasando con Olivia Rodrigo podría verse como una simple queja de fans, pero en realidad toca un tema mucho más grande: ¿nos están acostumbrando a pagar más por menos?
El negocio de los conciertos: ¿más caro y con menos calidad?
Antes, los conciertos en estadios eran eventos únicos, con producciones gigantescas. Hoy, parece que la tendencia es vender boletos cada vez más caros sin necesariamente mejorar la experiencia.
Los fans tienen razón en estar molestos. Parece que a algunos artistas se les olvida que México está dentro del top 10 potencias globales de mercados musicales, siendo uno de los países que más consume música, llena estadios y agota boletos en minutos. No es un mercado secundario ni un “favor” que los artistas hacen al venir; es una plaza clave en la industria, con una audiencia que invierte dinero y pasión en cada show.
Si México es uno de los países donde los artistas más venden discos, streams y merchandising, ¿por qué algunos siguen tratándolo como una parada de menor importancia? Los fans están empezando a exigir que el respeto y la inversión sean proporcionales al impacto que generan.
Y quizás este es el inicio de un cambio en la industria. Si los conciertos siguen siendo experiencias exclusivas, los artistas y promotores tendrán que ofrecer algo que realmente lo justifique.
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