Lo que ‘IDOL I’ nos enseña sobre la salud mental y las fans obsesivas

¿Alguna vez has llorado o enojado porque tu bias o tu artista favorito ha hecho algo que no te agradó? Si tu respuesta es sí, te tenemos noticias, eres una fan obsesiva. Hace unas semanas Corea del Sur se indignó con el estreno de Mi Ídolo (IDOL I), un drama que aborda la vida de Do Ra-ik, un idol que es acusado del asesinato de uno de los miembros de su boyband y todo lo que las y los artistas coreanos viven en su día a día, mientras que su abogada Se-na, es una hardore fan de él.

La serie, que está disponible en México a través de Netflix y Viki, ha generado una ola de conmoción entre las fanáticas coreanas obsesivas, al ver que la misma industria las está retratando como acosadoras. En Corea del Sur la cultura del fanatismo llega a los límites cuando comienzan a irrumpir en sus lugares de trabajo, hackear sus redes sociales, conseguir sus números telefónicos o incluso infiltrarse en sus hogares; y justamente a este arquetipo de fan se le tiene un nombre Sasaeng.

¿Qué es una sasaeng?

Una sasaeng (사생), término acuñado por los medios de comunicación coreanos, se refiere a las y los fans tóxicos y obsesivos que invaden la vida privada de las y los artistas y realizan comportamientos y acciones que van desde el acoso hasta amenazas sobre las decisiones que toman los ídolos, creando este tipo de relación parasocial que ha ido creciendo en los últimos años.

Justamente, desde el primer episodio muestran la dinámica de Do Ra-ik con sus fans, quienes se infiltran en cada movimiento que hace y atormentándolo después un día de trabajo y exigiendo cosas como su número telefónico y un amor que él definitivamente no puede dar. 

La palabra proviene de la fusión de vida privada (sasaenghwal) y fan (phan/paen), quedando compuesta como fan de la vida privada “sasaengpaen”. Y su origen se remonta a casos mencionados a través de los canales de noticias y medios digitales, que han expuesto estas conductas.

Las acciones de una sasaeng pueden medirse en distintos grados.

  • Lo más común son fans que están obsesionados con los idols y que desde sus celulares hacen streaming masivo, votan intensamente por fans y se meten en una que otra pelea en redes sociales por defenderlos.
  • Pero después comienza a escalar al acoso digital y presencial, a seguirlos a todas partes como todos sus conciertos, fansigns, meet and greets y más, esperando a que ellos se aprendan incluso los nombres de sus fans.
  • A otros no les basta con eso, sino aparte de seguirlos, toman fotografías de ellos sin su consentimiento y comparten sus itinerarios de trabajo.
  • En un grado más extremo, irrumpen sus hogares y lugares de trabajo, los amenazan de realizar lo que ellas quieran y ponen en peligro la seguridad de los artistas y de ellas mismas.

La salud mental en el mundo del kpop

Idol I pone en la conversación un tema que es constantemente hablado, la salud mental de lo que viven las y los artistas de kpop. Lo cierto es que la fama siempre tiene un precio, pero tras analizar la cultura coreana entendemos que en Corea del Sur la industria tiene fuerte presencia y presión mediática. Obligando a los artistas a tomar descansos indefinidos, romper contratos e incluso algunos acuden a la muerte, tras la difusión de artículos (sean verdaderos o bulos) que los orillen a situaciones extremas.

La presión ejercida en un idol de kpop influye en la construcción de personajes y máscaras que no reflejan su verdadera identidad, al punto de que sus caras perfectas pasan a convertirse en productos y objetos para generar únicamente dinero. Se convierten en la obsesión de las sasaengs y por eso se creen con la responsabilidad de “cuidar” de los artistas, para que no comentan ningún tipo de error y no puedan ser “cancelados”.

Por otra parte, también este es el principal motivo por el que un idol no puede tener una vida amorosa pública, ya que las fans, que generalmente dedican su vida a ellos, esperan que los ídolos lo retribuyan de la misma manera, enfocando su trabajo a complacerlas y a hacerlas feliz. En casos en los que se ha demostrado relaciones públicas, los artistas terminan por acabar las relaciones y las empresas rescinden sus contratos como si fuera un error enamorarse.

Lo cierto es que la sasaeng se han convertido en parte del terror de los artistas, lo que los ha orillado a vivir con miedo de ser perseguido e increpado en algún momento fuera del trabajo y estas situaciones disminuirían si la cultura del fanatismo fuera menos obsesiva, si existieran sanciones a acosadores y que se garantizara el  acceso obligatorio a centros de salud mental, tanto para artistas como para fans.  

Corea del Sur tiene mucho que trabajar en cuanto a la salud mental y cultura del fandom, si bien es divertido pertenecer a uno, no está cool vivir obsesionados con los artistas pensando que tenemos poder sobre sus decisiones y sobre su salud. Aunque ojo, en todo el mundo siempre habrá fans obsesivos. Después de leer esto, ¿te considerarías fan casual o una sasaeng?


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