Del 1 al 10, ¿qué tantas pasiones despertó en ti Heated Rivalry? Si eres una persona crónicamente activa en el mundo en línea, seguramente ya te habrás enterado que “Más que Rivales” pasó a ser un fenómeno televisivo. Su llegada a las pantallas mundiales ha causado un revuelo tal que sus puntajes en plataformas de crítica han superado a gigantes como Breaking Bad o Stranger Things.

Sin embargo, este éxito no es sólo producto de las grandes actuaciones y de la historia, es el culmen de una tendencia que comenzó en Asia con el Boys Love (BL) que ya domina las pantallas globales. Pero su auge abre un debate incómodo, ¿quién consume realmente estas historias y bajo qué mirada se están construyendo?
¿Para quién se escribe el romance entre hombres?
Aunque el público que lo consume es diverso e incluye a hombres de la comunidad LGBTQ+ que buscan verse reflejados (incluso en una ficción idealizada), el motor económico y creativo del género son las mujeres. Para muchas, estas historias ofrecen un refugio fuera de las dinámicas heteronormativas tradicionales.

El riesgo surge cuando la ficción se convierte en su realidad. Bajo la mirada de una fujoshi (término japonés para describir a una mujer aficionada al BL/Yaoi), la relación homosexual puede ser idealizada al punto de deshumanizar las interacciones y relaciones entre hombres.
Se crea la idea de que el amor entre dos hombres es “más romántico” que otros, olvidando que las personas LGBTQ+ existen más allá de una pantalla y enfrentan realidades que no siempre son “bonitas”.
De creadoras a consumidoras: ¿Quién está detrás del éxito de los BL’s?
Históricamente, el BL ha sido escrito principalmente por mujeres. Desde las pioneras mangakas de los años 70 en Japón, el género nació para explorar la vulnerabilidad masculina desde una perspectiva femenina, desafiando los roles de género tradicionales.
Esa tendencia continúa todavía hasta el día de hoy y los grandes pilares del género son escritos por mujeres, algunos ejemplos son:
- Rachel Reid con Heated Rivalry.
- Alice Oseman con las novelas gráficas y serie de Heartstopper.
- Mo Xiang Tong Xiu, autora de El Gran Maestro de la Cultivación Demoníaca (The Untamed).
- TharnType, novela de Mame.

Si bien hay un crecimiento de creadores homosexuales que aportan una perspectiva más cruda o realista, la industria sigue priorizando lo que “vende” al gran mercado femenino.
El problema del “softporn” y la objetivización
He aquí uno de los principales problemas de la industria: la evolución del género ha desplazado, en ocasiones, la profundidad narrativa por el impacto visual. El aumento de escenas que rozan el softporn responde a las necesidades de un mercado que busca satisfacer pasiones inmediatas.
En un espejo, no deja de ser similar a los hombres heterosexuales consumiendo pornografía lésbica. Porque cuando el sexo se convierte en el argumento, el personaje deja de ser un sujeto con derechos y se convierte en objeto de consumo. La realidad no es que el sexo esté mal (y eso todos lo sabemos), el problema es cuando la sexualidad eclipsa las dimensiones de un personaje.
¿Marketing o realidad? La verdad del fanservice
¿Y cómo se mantiene viva la industria? Con fanservice. Las interacciones ensayadas entre actores alimentan la fantasía de las fans, borrando la línea entre el actor y el personaje. Esto, paradójicamente, puede invisibilizar las luchas reales de la comunidad LGBTQ+, pues se prefiere la “actuación del amor” sobre el apoyo a los derechos reales de quienes viven esas orientaciones.

El fanservice se ha convertido en una herramienta de marketing y publicidad por el que mayoritariamente mujeres viven, y se ve reflejado la cantidad de ellas que comentan en redes sociales o asisten a fanmeetings. Son interacciones y espacios creados para el consumo de ellas.
Es innegable que estas historias son emocionantes y necesarias para seguir abriendo conversaciones sobre la comunidad y su éxito demuestra que cada día se buscan más narrativas de amor diverso. Sin embargo, tal vez es necesario un cambio de paradigma donde las personas LGBTQ+ dejen de ser solo el sujeto de estudio y se conviertan, con mayor fuerza, en los creadores de sus propios relatos, para recibir la dignidad que merecen.


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