¿Apoyo al cine mexicano o estrategia política? La narrativa cultural que podría definir al próximo presidente de México

No se necesita hacer propaganda política para poner en marcha estrategias de posicionamiento político sin que estas se demuestren de manera específica, y los usuarios en redes sociales saben que los subsidios a la industria del cine nacional recién anunciados van más allá de un simple apoyo, o por lo menos es lo que se señala.

El mandato de Claudia Sheinbaum aún no acaba y las apuestas por quiénes serán los próximos candidatos a la presidencia ya han empezado a resonar fuertemente; sin embargo, aunque ante la ley aún no se pueden iniciar las campañas políticas, el gobierno de Morena tiene claras cuáles son sus próximas jugadas.

Morena busca quedar como el principal promotor del cine mexicano

La reciente visita de Salma Hayek a Palacio Nacional dio mucho de qué hablar, sobre todo por lo que la estrella de Hollywood representa más allá del cine, al ser una mujer de origen mexicano que trabaja de la mano con la primera mujer presidenta del país

A esto se suman las declaraciones que hizo a favor del trabajo de la presidenta y de toda su administración, al asegurar que su acercamiento al ámbito político fue muy diferente al de administraciones anteriores.

Aunque para muchas personas esto solo significó una nueva oportunidad para el reconocimiento del cine nacional, para otras se trata de una estrategia política encubierta que busca promover al partido de la 4T como el principal promotor cultural y económico.

A diferencia de gobiernos anteriores, este discurso refuerza la idea de que sí existe interés por sacar adelante al país, lo que genera una ventaja competitiva rumbo a las próximas elecciones presidenciales.

Ante la ley no se considera propaganda, pero sí influye en la narrativa ideológica

Aunque no se puede asegurar que se trate de una estrategia directa para posicionar al siguiente presidente de México, sí es claro que estas acciones generan un impacto importante en la imagen del partido político, sobre todo cuando están vinculadas a una figura pública reconocida tanto en México como en Estados Unidos, lo que refuerza la percepción de confianza ciudadana.

Aunque hasta el momento se ha señalado que el apoyo al cine mexicano responde únicamente a una medida de visibilidad y no a una campaña política, este tipo de apoyos sí influyen en cómo es visto el partido ante los ciudadanos. El cine también moldea percepciones, crea identidad e influye en emociones reales que giran en torno a distintos objetivos colectivos y personales.

¿Desde cuándo existen estos apoyos públicos al cine nacional?

El IMCINE fue creado durante el gobierno de Miguel de la Madrid en 1983 como parte de una estrategia para revitalizar la industria cinematográfica mexicana. Desde su origen, su misión ha sido desarrollar y consolidar el cine como un medio artístico, cultural e industrial que preserve la diversidad de voces y temas del país, siendo el principal instrumento institucional para canalizar apoyos financieros y técnicos a la producción audiovisual.

Actualmente, esta institución es un organismo público descentralizado del gobierno de México y depende de la Secretaría de Cultura. Durante los últimos años, a través de programas como FOCINE, ha otorgado apoyos públicos al cine nacional para producción, exhibición y preservación. Sin embargo, aquí surge el cuestionamiento: si estos apoyos ya existían, ¿qué pretende el actual gobierno de Morena con estos nuevos subsidios?

¿Es o no una estrategia para posicionar a Morena rumbo al 2030?

Ante la ley, no existen pruebas claras de que el gobierno actual utilice los subsidios al cine como una vía para abrir paso al próximo candidato presidencial. No obstante, históricamente, varios gobiernos han usado la cultura, incluido el cine, para mejorar su imagen pública rumbo a los procesos electorales, aunque nunca lo han reconocido abiertamente como una estrategia.

Además, el gobierno puede financiar películas con temáticas sociales que refuercen la idea de que la administración apoya al sector cultural, defiende el cine nacional y asocia su imagen a estas producciones, proyectándose como un actor positivo dentro de una narrativa política donde se construyen héroes y villanos.


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