A veces todo va bien: tienes trabajo o estudias, sacas buenos resultados, te reconocen, te aplauden… y aun así, por dentro, sientes que no mereces nada de eso. Que en cualquier momento alguien se va a dar cuenta de que no tienes idea de lo que estás haciendo. ¿Te suena? Pues hola, puede que estés lidiando con el síndrome del impostor.
“¿Lo estoy logrando o no?”: la pregunta que no te deja en paz
Esa vocecita en la cabeza que te dice que todo lo que has conseguido es por suerte, por casualidad o porque los demás se equivocaron al confiar en ti, tiene nombre. Y aunque parezca una idea pasajera, en realidad afecta a más personas de las que imaginas. Desde estudiantes que sienten que no merecen su beca, hasta profesionales top que dudan de sus capacidades a diario.
¿Qué es realmente el síndrome del impostor?
Es una experiencia psicológica (no un trastorno, tranqui) donde las personas no logran interiorizar sus logros. En pocas palabras: no importa cuánto te esfuerces o lo bien que lo hagas, sientes que estás engañando a todxs. Que no eres tan capaz como pareces. Que “no la estás armando”, aunque los hechos digan lo contrario.
Y lo más loco es que suele afectar más a quienes son perfeccionistas, sensibles o que se enfrentan a nuevos retos o ambientes muy competitivos. O sea, justo cuando más estás creciendo, traka, llega la duda.
¿Por qué nos pasa esto?
Porque somos muy duros con nosotrxs mismxs. Porque nos enseñaron a no “presumir” y a ser modestxs todo el tiempo. Porque creemos que equivocarse es fallar, cuando en realidad es parte del proceso. Y también, seamos honestos, porque las redes sociales no ayudan: todo el mundo parece tener la vida resuelta mientras tú dudas si lo estás haciendo bien.
¿Y entonces qué hacemos?
Primero: reconoce esa voz. Cuestiona si lo que te dice tiene sentido o si está basada en miedos y comparaciones. Segundo: habla con alguien. Compartir estas ideas ayuda a darte cuenta de que no estás solx ni locx.
Tercero, y más importante: empieza a creerle a la evidencia. A los logros. A las veces que te esforzaste y lo lograste. Tal vez no todo fue perfecto, pero no tienes que serlo para ser valiosx.
Si te has preguntado “¿Lo estoy logrando o no?”, puede que estés en el camino correcto… solo que no te has dado chance de disfrutarlo. El síndrome del impostor es incómodo, sí, pero no es el que tiene la última palabra. Reconócelo, abrázalo, y sigue avanzando. Porque sí, sí lo estás logrando (aunque a veces no lo creas).


Deja un comentario