El mes de septiembre amarillo es reconocido por una razón, y es que durante todo el año hemos sido testigos de cómo diferentes medios de comunicación y usuarios en redes sociales han reportado diversos casos de suicidio alrededor del país. Estos casos dejan más que claro que la salud mental no es un invento y mucho menos un pretexto; es un problema actual y urgente que debe ser atendido y cobrar mayor visibilidad.
¿Por qué el mes de septiembre es amarillo?
El origen se relaciona con Mike Emme, un adolescente estadounidense que murió por suicidio en 1994. Mike era conocido por haber restaurado y pintado de amarillo un Ford Mustang 1968, por lo que, después de su muerte, familiares y amigos comenzaron a repartir cintas amarillas acompañadas de mensajes y números de ayuda.

A partir de su muerte surgió el movimiento conocido como Yellow Ribbon o listón amarillo, el cual, con el tiempo, se convertiría en un símbolo utilizado internacionalmente para hablar sobre la prevención del suicidio. De ahí que cada 10 de septiembre se conmemore el Día Mundial para la Prevención del Suicidio.
Hablar de suicidio NO provoca suicidios
A lo largo del tiempo, uno de los grandes mitos es creer que hablar de temas como el suicidio puede “darles ideas” a las personas para que lo hagan. Sin embargo, esto es totalmente erróneo e incluso peligroso, pues no solo limita la posibilidad de hablar sobre un tema importante, sino que también contribuye a minimizar un problema que sigue fuertemente presente en la actualidad.
Contrario a este tipo de pensamientos y estigmas, hablar abiertamente sobre el suicidio ayuda a identificar señales de alerta que pueden permitirnos conectar con una persona que necesita recibir ayuda. Es claro que el silencio no protege, mientras que una conversación sí puede abrir una puerta para la prevención.
Hay señales que no deberían ser ignoradas
Cambios importantes en el comportamiento, desesperanza, aislamiento, problemas para dormir o comer, regalar pertenencias o incluso despedirse de otras personas son comportamientos y señales de alerta que pueden indicar que una persona está atravesando una fuerte crisis. Esto no debe ser ignorado; al contrario, requiere atención, siempre procurando que el acercamiento sea respetuoso y no invasivo.
Sin embargo, también es importante tener en cuenta que, aunque una persona presente estos comportamientos, esto no necesariamente significa que tenga pensamientos suicidas. Por ello, el acercamiento debe ser tranquilo, calmado y, sobre todo, debe brindarle confianza a la otra persona para que pueda abrirse y no sentirse amenazada ni hostigada.
¿Y si soy yo quien está pasando por todo esto?
Recuerda que, frente a una persona que se está desahogando contigo, lo más importante es escuchar y no minimizar lo que siente. Mucho menos le digas la típica frase de “échale ganas” o “hay personas que están peor”. Recuerda que esto también puede convertirse en una forma de invalidar sus sentimientos y la manera en la que vive su realidad día a día.
Y, en caso de que seas tú quien está pasando por todo esto, recuerda que no tienes por qué resolverlo todo hoy. Puedes empezar por algo tan sencillo como decir: “no estoy bien y necesito ayuda”.

Recuerda también hablar con alguien de confianza y buscar apoyo con profesionales de la salud mental. Pedir ayuda es un paso importante y no tienes que atravesar esta situación en soledad.
Necesitamos hablar de salud mental durante todo el año, aprender a detectar factores de riesgo, combatir el estigma de la salud mental y construir redes de apoyo, porque una conversación sobre salud mental y prevención del suicidio no debería ocurrir una vez al año o cuando alguien está al límite; debe ser visibilizada y no ocultada.


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