Durante años, el fast fashion logró conquistar a millones de consumidores gracias a su oferta de ropa barata y tendencias accesibles. Sin embargo, ese modelo enfrenta una creciente presión por el aumento en los costos de energía, transporte y materias primas, factores que ya comienzan a impactar las ventas de las principales marcas del sector.
Para evitar incrementos en los precios al consumidor, las empresas han tenido que invertir millones de pesos en mantener la producción y la logística, aunque cada vez resulta más difícil sostener una industria que enfrenta desafíos económicos y comerciales a nivel global.
¿Qué está pasando con el fast fashion en 2026?
Una publicación del periodista Octavio Torres para el medio Expansión señala que la ropa barata en México y en otras partes del mundo enfrenta una presión creciente.
El modelo que durante décadas permitió producir y distribuir prendas a bajo costo ha comenzado a tensarse por diversos factores relacionados con la energía, la logística, las cadenas de suministro, las materias primas y el comercio global.

Entre las principales razones de esta presión sobre la industria textil, destacan el conflicto en Medio Oriente y la creciente fragmentación comercial.
Una de las condiciones que hicieron posible el auge del fast fashion fue el bajo costo del petróleo, que durante años se mantuvo en niveles relativamente accesibles.

Sin embargo, ante el nuevo escenario geopolítico, el precio del petróleo se ha disparado y el acceso a este recurso se ha vuelto cada vez más complejo. Incluso, la consultora Oxford Economics advirtió que el estrés en las cadenas globales de suministro alcanzó en abril su nivel más alto desde 2022.
Estrecho de Ormuz, una de las principales causas del aumento de precios
El artículo publicado por Expansión señala que uno de los principales detonantes de las dificultades que enfrenta actualmente el fast fashion está relacionado con la crisis en torno al Estrecho de Ormuz, una ruta estratégica por la que transita aproximadamente el 20% del petróleo y del gas natural licuado que se comercializa en el mundo.

De acuerdo con la firma StoneX, el cierre parcial de esta vía provocó alteraciones en los costos energéticos, los fertilizantes y la logística marítima a escala global.
Por su parte, la organización Business & Human Rights calificó este episodio como uno de los shocks más severos para la industria textil mundial desde la pandemia.

La organización destaca que el sector enfrenta una fuerte afectación derivada de la caída del tráfico marítimo y del incremento del 26% en el costo del petróleo, combustible esencial para el transporte de mercancías.

Derivado de estos aumentos en los costos de transporte y producción, distintas consultoras estiman que estos cuellos de botella podrían elevar entre un 10% y un 15% los costos de producción textil a nivel mundial.
Esto se debe, principalmente, al encarecimiento y a la dificultad para obtener poliéster, un material cuya producción depende en gran medida del petróleo.
El poliéster, uno de los materiales clave para la ropa barata
La presión sobre la industria textil no solo proviene de los altos costos de transporte y producción, sino también del consumo de poliéster, una de las fibras más utilizadas en la ropa de fast fashion y cuya fabricación depende directamente de derivados petroquímicos.

Según el análisis de Business & Human Rights, el poliéster representa entre el 55% y el 57% del consumo mundial de fibras textiles, lo que convierte a la industria en un sector altamente sensible a las fluctuaciones de los precios energéticos.
En países como India, uno de los principales centros manufactureros del mundo, la fibra de poliéster pasó de 100 rupias por kilogramo a 126.5 rupias en apenas un mes debido a las tensiones petroleras y logísticas derivadas del conflicto en Medio Oriente.

En China, el precio del hilo texturizado de poliéster aumentó cerca de un 12.7% durante el primer trimestre del año, al pasar de 8.22 RMB por kilogramo en enero a 10.56 RMB en marzo de 2026.
Este incremento también está relacionado con el encarecimiento del petróleo y de otros insumos petroquímicos como MEG y PTA, dos compuestos fundamentales para la fabricación de plásticos y fibras de poliéster.
Mientras el fast fashion enfrenta márgenes más reducidos, México endurece sus aranceles
Durante los últimos meses, medios y analistas han señalado que las grandes empresas del sector textil han reflejado las fuertes presiones políticas y económicas en sus resultados financieros.
Por ejemplo, H&M reportó una caída anual del 10% en las ventas de su primer trimestre fiscal de 2026. Por su parte, Nike informó que el incremento de los aranceles y de los costos logísticos redujo su margen bruto en 130 puntos base, mientras que su utilidad neta cayó un 35% durante el trimestre.

Pocas compañías han logrado obtener resultados positivos en este contexto. Una de ellas es Inditex, matriz de Zara, que ha resistido mejor gracias a su escala global y a su eficiencia logística.
La empresa anunció una inversión de 2 mil 300 millones de euros para ampliar sus centros de distribución, reforzar inventarios y fortalecer sus operaciones, una estrategia que, por ahora, no necesariamente se traducirá en un aumento inmediato de precios para el consumidor.

En México, este fenómeno coincide con una política comercial más restrictiva hacia las importaciones asiáticas. Cabe recordar que el 1 de enero entró en vigor un decreto que elevó los aranceles entre el 5% y el 50% para 1,460 productos procedentes de países con los que México no tiene tratados comerciales.
De manera específica, en el sector textil mexicano, las tarifas aplicadas a distintas prendas de vestir aumentaron entre un 10%, un 25% y un 35%.
Los mexicanos ya piensan dos veces antes de gastar
El artículo de Expansión señala que el consumidor mexicano se ha vuelto más sensible a los precios y mucho más selectivo al momento de realizar compras, una tendencia que ha comenzado a ejercer presión sobre la industria de la ropa y los accesorios.

Incluso, Bain & Company detectó que el 32% de las personas afirma que actualmente solo cuenta con recursos suficientes para cubrir bienes y servicios esenciales, mientras que el 35% ha reducido sus gastos en ropa y accesorios durante los últimos tres meses.

Sin embargo, esto podría ser apenas el comienzo. Fernanda Lima, socia de Bain México, explicó durante una conferencia de prensa que la disminución del consumo en categorías como alcohol, restaurantes y comida a domicilio aún no refleja completamente el impacto de las presiones inflacionarias ni de las disrupciones en las cadenas de suministro provocadas por el conflicto en Medio Oriente.

La especialista señaló que las encuestas más recientes fueron levantadas antes de que se intensificara este conflicto geopolítico, por lo que sus efectos económicos podrían manifestarse con mayor fuerza en los próximos meses, tanto en la industria textil como en otros sectores de la economía.


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